Los buenos padres no le dan a su hijo todo lo que necesita,
le enseñan que, con la ayuda de Dios,
son capaces de conseguir lo que necesitan.
Los buenos padres no buscan hacer felices a sus hijos,
les enseñan que la felicidad depende de cada uno.
Los buenos padres no les dan oportunidades a sus hijos,
les enseñan a buscarlas, a crearlas y a aprovecharlas.
Los buenos padres no les dan a sus hijos lo mejor para que sean felices,
les enseñan a disfrutar y a encontrar lo mejor,
aún en lo más sencillo.
Los buenos padres no les enseñan a sus hijos a superar siempre a los demás,
les enseñan a superarse a sí mismos.
Los buenos padres no les enseñan a sus hijos a decir todo lo que piensan,
les enseñan que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que
debemos ser cautelosos al expresar nuestras opiniones,
teniendo en cuenta los sentimientos de los demás.
Los buenos padres no les resuelven los problemas a sus hijos,
les enseñan a asumir su responsabilidad y a aprender de sus errores.
Los buenos padres no les enseñan a sus hi jos a evitar los fracasos,
les muestran que el fracaso es parte del camino hacia el éxito.
Los buenos padres no convencen a sus hijos de su importancia en la sociedad,
les enseñan que sirviendo se volverán importantes para ella.
Los buenos padres no les enseñan a sus hijos a ser críticos
y resentidos ante las injusticias, les enseñan
a ser constructores de paz y justicia.